¿Qué se Compra y qué se Vende en el Mercado de Trabajo?

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El problema del desempleo está en la agenda de todos los países del mundo. Los debates giran en torno a problemas de demanda y de oferta, pero no queda claro que es lo que se intercambia en ese mercado. En este artículo indagamos sobre qué se intercambia en él, las transformaciones que han ocurrido y el rol de la economía social.

¿Qué es el mercado de trabajo?

En los mercados se intercambian, compran y venden cosas, objetos, bienes. Siguiendo ese razonamiento, cuando se habla del mercado de trabajo nos estaríamos refiriendo al trabajo como una cosa más a comprar y vender. El problema es que esta cosa no está disociada de quién la produce, que es el trabajador. Es por esto, que no puede ser manipulada o dejarse ociosa sin afectar a la persona que la posee, ya sea en su integridad física y/o psíquica. Así, si pensamos en un exceso de oferta en cualquier mercado, es decir cuando se produce de más, suele ocurrir que el mercado decida almacenarla, venderla a menor precio o dejar de producirla. En el caso del trabajo, estamos hablando de desempleo masivo, precarización laboral, pobreza e indigencia, es por esto que no podemos dejar que el trabajo quede a merced del mercado.

HACIENDO HISTORIA:

¿Que pasó con el trabajo en los últimos 30 años?

A partir de los años `60 aparecen nuevas tecnologías que transforman la manera de producir de las empresas. Esto ocasiona, por un lado, que se requieran menos trabajadores para realizar la misma producción y, por otro, que las empresas puedan particionar la producción para especializarse solo en una parte.

Esta especialización tiene como objetivo reducir los costos, la empresa subcontratará a tercerizará una tarea otra siempre que esto le implique un gasto menor que hacerlo ella misma. Por lo general, la subcontración se hace con empresas más pequeñas que mantienen su competitividad a través de reducir sus costos laborales, es decir peores condiciones para los trabajadores. Asi podemos entender el surgimiento de reclamos como el que realizaron los empleados de limpieza y seguridad del subterráneo durante el 2005, quienes pertenecen a una empresa subcontratada por Metrovías para prestar esos servicios, para que los incorporaran al convenio de la UTA (Unión Tranviarios Automotor.), dado que esto les implicaba mejor sueldo y trabajar seis horas diarias como el resto de los trabajadores de los subterráneos.

Este proceso de tercerización se da a escala mundial, así la empresa puede importar parte de la producción que antes realizaba. Incluso, la misma empresa podrá relocalizar parte de su producción en cualquier lugar del mundo, situación que pone a los países a competir por la inversión a través de medidas como: la reducción de costos laborales, rebajas en los impuestos, etc.

Esta estrategia de las empresas incrementa la informalidad (empleos sin coberturas sociales, sin protección laboral, ni sindical) y la precarización laboral (contratos sin estabilidad, de corta duración, y relaciones de autogestión obligadas, como es la exigencia del monotributo). Aparecen así fenómenos como la maquila (Maquila, es una empresa que importa materiales sin pagar aranceles, siendo su producto uno que no se va a comercializar en el país, donde entre sus características principales están las malas condiciones de los trabajadores.) en México, donde los trabajadores se encuentran en condiciones de máxima precariedad e informalidad cumpliendo funciones para empresas de primera línea de Estados Unidos.

Esta situación, además, desarticula la organización obrera. Los sindicatos se ven debilitados, por un lado, porque una parte de los obreros ya no pertenece a los sindicatos de las empresas donde realiza sus tareas debido a la subcontratación, y por el otro, por los altos índices de informalidad es decir trabajo en negro. A esta situación, se le suma el hecho de que los obreros de una misma empresa se encuentran diseminados por el mundo.

La introducción de estos cambios en el mundo del trabajo requirió de la desarticulación de las organizaciones obreras y de cualquier ley de protección de los trabajadores. En Argentina, este proceso de deterioro se llevó a cabo a partir del golpe militar del `76.

¿Qué pasó en Argentina ?

El mercado laboral argentino entró, a mediados de los `70, en un proceso de transformación permanente a partir de la aplicación de medidas neoliberales establecidas por la dictadura militar. En este período, se abandonó el sistema de incentivos y protección a la industria nacional, y comenzó la promoción de productos importados de todo tipo. El objetivo era abandonar una supuesta industria ineficiente y modernizarla a través de la necesidad, de los productores argentinos, de competir con las importaciones. El resultado fue la quiebra masiva de empresas nacionales, el aumento del desempleo y la ampliación del sector informal.

A partir de los '90, se profundizaron las medidas neoliberales, y como parte de èstas la apertura comercial. Como consecuencia, se perdió una parte importante del aporte que hacía el sector industrial al PBI (PBI, Producto Bruto Interno.), y aparece una creciente participación del sector de servicios. Este nuevo esquema se caracterizó por su menor capacidad de generar puestos de trabajo, dado que los creados por el sector de servicios, no pudieron compensar a aquellos perdidos por el cierre de fábricas nacionales.

La estrategia de especialización productiva, descrita en el apartado anterior, en nuestro país, se basó en un gran componente de importaciones. Esto significó que muchos bienes que se compraban a productores argentinos pasó a importarse; esto trasladó al resto del mundo la capacidad de generar empleo.

Entre 1984 y 1993, la industria argentina expulsó el 27% de los asalariados, según datos de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe.). Esta reducción de la capacidad para generar empleo también se plasmó en una reducción del mercado interno, es decir, la capacidad de compra de los trabajadores argentinos.

La modernización enfatizó la necesidad de reducir el Estado, así se suceden masivas privatizaciones durante los `90 a empresas de electricidad, ferrocarriles, comunicaciones, etc. Las privatizaciones se acompañaron de despidos y retiros voluntarios, que en el caso de estos últimos tenían como incentivo indemnizaciones que tiempo después dejaban al obrero ante el desempleo y con pocas posibilidades de reinsertarse.

Durante esta década la estrategia del gobierno para promoción del empleo se basó en la flexibilización laboral.

La consecuencia principal de estas políticas fue la pérdida de la relación entre crecimiento económico del país y el bienestar de los trabajadores. Es decir, el crecimiento económico registrado en la década del `90 no se tradujo en un crecimiento de la demanda de empleo sino que en expulsión del mercado laboral y el consecuente deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores.

¿ Qué pasa hoy con el trabajo en la Argentina?

A partir del año 1998 comenzó a verse el agotamiento del Plan de Convertibilidad (Refiriéndonos por Plan de Convertibilidad al aplicado por Domingo Cavallo que como medida central tenía la equiparación de un peso = un dólar.). Luego de siete semestres de estancamiento el país ingresó en una profunda crisis económica, social y política que estalló en el año 2001. La salida de la convertibilidad fue acompañada por una fuerte devaluación del peso, y por la pauperización de la población con niveles de pobreza que alcanzan al 57,5% de la población y de indigencia al 27,5%.

Posterior a la crisis, entre el primer semestre de 2002 y el segundo de 2006 se registró un período de crecimiento económico del 41%, según datos CEPAL. Este nuevo régimen de acumulación proveyó un tipo de cambio alto, competitivo, que favoreció la recuperación del aparato productivo y consecuentemente la capacidad de generar empleo. Reapareció, así, la relación entre crecimiento económico y empleo, y fue en ese período donde las pequeñas y medianas empresas cumplieron un rol protagónico en la generación de nuevos puestos de trabajo.

La tasa de empleo entre 2003 – 2008 muestra un aumento acumulado de 14,84%, donde presentan mayor crecimiento el empleo a mujeres y jóvenes, que integran las franjas más vulnerables en términos de desocupación.

Desde el gobierno se retomaron las políticas de salario mínimo, que constituyen el piso de las remuneraciones, las cuales después de haber permanecido en $200 hasta 2003, treparon a $1240 en 2008 que en términos reales seria $833,67 Según datos IPC del INDEC con base año 2008. . Como así también, se retoman las negociaciones colectivas, se registraron 380 acuerdos y convenios colectivos en el Ministerio de trabajo en el 2003 creciendo hasta 1231 en 2008.

Si bien es indiscutible la recuperación del empleo y la disminución de la pobreza e indigencia, en relación a lo alcanzado durante la crisis del 2001, es innegable la necesidad de profundizar la reversión de esos procesos. Además de la necesaria regulación del Estado en resguardo del bienestar de los trabajadores, es imprescindible la búsqueda de formas de producción con una lógica que no tenga como único eje la maximización de las ganancias.

¿Qué aportes puede hacer la Economía Social al mercado de trabajo?

En esta búsqueda de otras formas de producción el aporte que puede hacer la economía social ya se observa en la práctica, pues son numerosas las experiencias existentes. Podemos mencionar las fábricas recuperadas por cooperativas de trabajo, las radios comunitarias, las escuelas de gestión social, los proyectos comunitarios, los emprendimientos autogestivos, las asociaciones civiles y los proyectos culturales que son algunas de las experiencias del amplio universo de la economía social.

Es así como estas experiencias participan en la creación de puestos de trabajo. Por un lado, porque la mayoría son pequeñas y medianas empresas que tienen una mayor capacidad de generarlos. Por otro, debido a su centralidad en el trabajo, en momentos de ajuste éste no recae sobre la cantidad de trabajadores, y en momentos de crecimiento el excedente es destinado a la creación de nuevos puestos de trabajo y no a la acumulación de ganancias.

Son experiencias que nacen en el barrio, la ciudad, el pueblo produciendo desarrollo local, y en las que existe desarrollo democrático por la necesaria participación de los trabajadores. Esto combina el interés local con el desarrollo participativo de la producción. En consecuencia, son capaces de volver a generar las cadenas virtuosas de empleo e incluso potenciarlas, es decir que la empresa no solo genera trabajo para los obreros que participan en ella sino también para el lugar donde se desarrolla.

Por otro lado, este tipo de producción democrática y centrada en el trabajo, devuelve el protagonismo al trabajador, recuperando la capacidad creativa del trabajo. La mayoría de estas experiencias llevan adelante constantes procesos de calificación y formación del trabajador. Esta práctica se da de diversas maneras: desde la organización de las tareas en forma rotativa hasta el debate en asambleas, donde la búsqueda de soluciones requiere la participación y formación de todos los obreros. Así también, en los encuentros o en la conformación de redes, se dan espacios de formación en conjunto donde se trasladan experiencias profesionales y políticas, que en ocasiones derivan en la conformación de federaciones, claúster, etc. (Por ejemplo el clauster Red de Cooperativas Graficas, www.redgraficacoop.com.ar) que les permiten mejorar su posición en el mercado.

Es importante sumarle a estas características el echo de que muchas de estas experiencias se desarrollan en los sectores de mayor vulnerabilidad, como es el caso de las mujeres de bajos recursos, quienes encabezan varias de estas.

PARA SEGUIR CRECIENDO: LAS NORMATIVAS

A pesar del aporte concreto que realizan, encuentran limitaciones relacionadas con la falta de normativas que las encuadren. La falta de acceso al crédito para inversión, o los problemas de administración son cuestiones que reducen los márgenes del excedente a distribuir, y las ponen en condiciones de desventaja a la hora de competir con otras empresas. Esta situación aumenta los peligros de la precarización e informalidad laboral. Es ante estos límites donde sería central la acción del Estado a través del reconocimiento de las particularidades del trabajo autogestivo, y la creación y aplicación de nuevas políticas sociales, que se desarrollen en forma de cogestión y no de líneas directas, dando apoyo y promoción a las mismas para potenciar sus capacidades. Los reclamos de ANTA (Asociaciones Nacional Trabajadores Autogestivos.), que exige reconocimiento estatal del trabajador autogestionado, con un marco tributario que no sea el de monotributista sino uno acorde, con acceso al financiamiento y la necesidad de la conformación de una obra social y un sistema previsional propios, se encuentran en esta línea.
Es fundamental tener presente que el principal aporte que los casos de economía social realizan al mercado de trabajo, descansa en el desarrollo de otra forma de producir, es decir otra forma de trabajar, sustentada sobre una lógica que prioriza al hombre en su integridad y no a la acumulación como único eje orientador, no queriendo significar esto producciones sin fines de lucro, sino un cambio de eje central.º

Lic. Lorena Putero
Economista - CEMoP

Como citar este artículo: 

Federico Anzil (02 de Mar de 2011 - primera publicación: 2011). "¿Qué se Compra y qué se Vende en el Mercado de Trabajo?". [en linea]
Dirección URL: https://www.zonaeconomica.com/economia-social-mercado-trabajo (Consultado el 23 de Nov de 2017)




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