Situación en Venezuela

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GOLPE DE ESTADO A LA VENEZOLANA:
EL CHAVISMO EN SU CRECIENTE LABERINTO

Giovanni E. Reyes

Esta nota se escribe durante el primer fin de semana de abril. Los hechos pueden precipitarse y ser muy volátiles en Venezuela dando por resultado las sombrías perspectivas se habían anticipado, desafortunadamente, para ese país. Ahora ocurrió el último zarpazo: la más alta instancia legal venezolana ha anulado las competencias de la Asamblea Nacional de Venezuela en poder de la oposición. De nuevo se desgarra la careta del chavismo. Es algo típico de los regímenes autoritarios o dictatoriales. Se mantienen mediante la represión abierta o bien bajo la disposición “legal” del Estado.

Es cierto que ahora hay respuesta, un tanto tímida aún, pero respuesta al fin y al cabo, por parte de la OEA. Hace tiempo que se ha dicho, lo que asciende es un círculo que puede terminar oprimiendo a quienes detentan el poder en Caracas, algo que amenaza con ahogar al gobierno de Maduro.

No es, desde luego, algo nuevo. Como en la generalidad de los gobiernos tan ineptos como represivos –con la necesidad recurrente de ser violentos a raíz de sus pésimos manejos- el gobierno desde Caracas requiere de enemigos internos o externos, requiere constantemente de “culpables” sobre los cuales descargar los lesivos resultados de su gestión en la sociedad.

Este modelo de gobierno que trata de apoyarse casi exclusivamente en las fuerzas armadas, se ha ensayado ya en otros países con toda la cauda de destrucción y muerte; se trata de procesos sangrientos que a base de represión se mantienen en el poder. Lejos han quedado los halagos de Chávez, ahora desaparecido, al Presidente Obama: “Un presidente honesto al que admiro” llegó a decir.

En medio de la turbulencia última, del desgarrón que pretende dejar ilegítimo al Congreso del país, el heredero del chavismo ha dado muestras de requerir enemigos externos con base en los cuales se pretende lograr la permanencia en el poder. Es en ese contexto donde se ubica la abierta provocación que hasta hace menos de dos semanas, el ejército chavista realizó contra el gobierno de Juan Manuel Santos en Bogotá. Los soldados alevosamente cruzaron el río de la frontera, en el llano profundo, en lugares que son “más lejos que más nunca”; se instalaron y desplegaron la bandera venezolana.

A todo esto, la respuesta de Santos fue mesurada. Sabe que no puede dejar caer, ni poner en riesgo el proceso de paz interno y que estas provocaciones podrían dejarlo muy mal parado, podrían dejarlo peor respecto al maltrecho estado de favorabilidad que tiene en particular, luego de una reforma tributaria que hizo descargar el peso de las contribuciones idas del petróleo, en los sectores asalariados del país.

Desde la perspectiva de Caracas, culpar a otros sobre las responsabilidades de los añejos problemas –escasez, inflación galopante que se come el poder adquisitivo, y alto desempleo- resulta atractivo. Permite tratar de aglutinar a algunos sectores que puedan fortalecer más allá del 28 por ciento del “chavismo duro”, del mercado cautivo, que parece tener el oficialismo en Venezuela.

Es de allí de donde emergería un llamado a la unidad nacional. Un ataque contra el gobierno se presenta como complicidad con los enemigos externos. Hasta ayer era Estados Unidos. Luego fue España, y por momentos Colombia. Pare Usted de contar.

A todo esto, sin mencionar a personas individuales. Esto último lo puede testificar el hasta hace poco Vice-Presidente de Colombia Germán Vargas Lleras. El adjetivo “veneco” fue suficiente para desencadenar casi una tempestad –ficticia por supuesto- el desfogue de un huracán que amenazaba con llegar a la mismísima Corte Penal Internacional.

Es de reconocer que hay gobiernos audaces: no conocen el límite del ridículo. Esto es típico de quienes no aceptan nunca errores, ni reconocen que se les contradiga con base en argumentos serenos y substanciosos. En lugar de abordar el contenido de la problemática, tratan de deslegitimar a quienes los exponen. Se dice que en la Grecia antigua se mataba a los mensajeros de malos informes.

En medio de este torbellino que amenaza con desbancar a Maduro, tanto en el frente externo –menos desfachatez de gobiernos latinoamericanos- como en el interno –donde se camina por la cornisa, al borde de una consistente crisis humanitaria- el gobierno trata de asegurarse la “lealtad” de la población. En efecto, ante esas condiciones de vida, mucha de la gente vive galopando en dos carriles: con la rabia de la resignación, y en otro sentido, dependiendo de las dádivas que todavía puede proveer el gobierno. Con ellas se “asegurarían” compromisos incondicionales.

Pero el tiempo se va acortando y las aguas suben dramáticamente. Lo que los dirigentes chavistas no han querido entender nunca, adormecidos en sus consignas tan superficiales como gastadas, es que el modelo seguido -como tantas veces se señaló- tenía los cimientos de barro.

Más que una revolución, lo que hubo en Venezuela fue el secuestro de una coyuntura histórica en donde altos precios de petróleo, sin precedentes, permitieron los recursos para financiar una borrachera de gastos que ahora pasan factura. ¿Qué es lo que mantiene entonces a Maduro y su séquito en el poder del gobierno? Quien se constituye en el eje de poder real por antonomasia en América Latina: el ejército, las fuerzas armadas y los diferentes componentes que los integran.

Por supuesto que no es agradable lo que le va teniendo reservado el destino a Venezuela, de continuar con las torpezas y con la visión exclusiva de “ganar” batallas en el corto plazo. Con ello, el gobierno de Maduro no sólo vive a salto de mata: compromete también la gobernabilidad del Estado Venezolano, acentúa la represión y el camino de la cruz para la población de su país, y por sobre todo, incrementa substancialmente los costos que habrá que cancelar para la reconstrucción de la potencia petrolera latinoamericana.

El resultado que ahora se tiene, es de reiterarlo, es el intento de convocar a la población mediante consignas patrioteras. Pero la verdad está allí, e incluye la destrucción del tejido productivo del país. Es el resultado del desprecio por las leyes empresariales y de mercado, y por el abandono a la actitud de trabajo y de esfuerzo de la población. Muchas veces se ha confundido el conjunto de privilegios que se ganan, con el supuesto derecho de que el gobierno proporcione todo.

La alta vulnerabilidad del gobierno de Maduro y la supuesta legitimidad que aparenta se trata de cubrir mediante legalismos que chocan con la cotidiana realidad que debe enfrentar el pueblo –tantas veces utilizado- de Venezuela. Todos esperaríamos mejoras con menos costos, pero desgraciadamente esto no es lo que se vislumbra ante la intransigencia represiva del gobierno en Miraflores.

Autor: Giovanni E. Reyes

Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard - Profesor, Universidad Colegio Mayor Nuestra Señora del Rosario - El contenido de este artículo es de entera responsabilidad del autor por lo que no compromete a entidad o institución alguna.

Como citar este artículo: 

Giovanni E. Reyes (17 de Abr de 2017 - primera publicación: 2017). "Situación en Venezuela". [en linea]
Dirección URL: https://www.zonaeconomica.com/situacion-venezuela (Consultado el 24 de Nov de 2017)




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